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Criar con gritos, golpes y castigos reduce el cerebro de los niños

Hay frases muy comunes entre los adultos respecto a la crianza de sus hijos, por ejemplo, «que vale más una nalgada a tiempo que un hijo criminal en la cárcel. Se hacen constantes referencias sobre los beneficios de los golpes para evitar que los niños hagan algo que no deben.

Sin embargo, hay estudios que están preocupados por mantener esta conducta de violencia física en los tiempos modernos. Aseguran que, además de causar daños emocionales, impactan en gran medida para el desarrollo intelectual del niño, que tendría un cerebro más pequeño.

El estudio al que hacemos referencia fue publicado en una revista científica de desarrollo cognitivo y psicopatologías. Apunta que la agresión contra los pequeños tiene un impacto negativo a futuro, debiendo evitarse a toda costa.

Investigadores de la universidad de Stanford encontraron que, si los padres sacuden o golpean a los niños, afectan las estructuras cerebrales. Esto es así incluso si solo son gritos y no ataques físicos.

Es mucho mejor una crianza en base a refuerzos positivos, que aquella sustentada en violencia, aunque parezca mínima e inocua a futuro. La regulación emocional es un factor clave para el desarrollo, que se ve dañado si hay golpes o agresiones.

Los pequeños criados de forma agresiva también suelen padecer depresión y ansiedad en su etapa de adolescencia, prolongándose a la adultez. Estos métodos disciplinarios modifican la forma en que nuestros hijos entiendan el miedo y las situaciones hostiles.

Por supuesto que debe ponerse límites, pero si se sobrepasan, el castigo no debe de ser algo agresivo. Más bien debemos buscar compensaciones por incumplir esas reglas que establecemos los adultos.

Iris Ani Méndez

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